Edith Stein
Nació en 1891 en Breslau, dentro de una familia judía practicante. Ahora algunos la conocen como Santa Teresa Benedicta de la Cruz, canonizada por Juan Pablo II el 11 de Octubre de 1998.
Fue la primera y única mujer en doctorarse en Filosofía, en 1917, con Edmund Husserl, uno de los más eminentes filósofos del s. XX. Desde entonces fue su adjunta de cátedra, situación única para una mujer de habla alemana. Para entonces su espíritu estaba en una crisis de escepticismo, pero su corazón estaba fijo en la búsqueda de la verdad. En el verano de 1921, en la finca de unos amigos, el matrimonio Conrad-Martius, lee, en una noche, la vida de Santa Teresa de Avila. Terminado el libro, la luz de la fe la atravesó como un rayo, y exclamó “esta es la verdad”. Se convierte al catolicismo en 1922. Desde entonces hasta 1933 es profesora de Alemán en un colegio de hermanas dominicas de Espira, y entre 1929 y 1932 dicta importantísimas conferencias sobre la relación entre Husserl y Santo Tomás, ante destacados foros tomistas internacionales. Conmueve imaginar a esta joven mujer, humilde y digna a la vez, sentarse ante el estrado ante muy doctos filósofos y teólogos católicos, mayores que ella, y asombrarlos con su sabiduría.
En 1933 entra al Carmelo de Colonia. Hace sus votos perpetuos como carmelita en 1938, año en el cual, por la persecución nazi, debe irse al Carmelo de Etch, en Holanda, donde finalmente, en 1942, es arrestada por los nazis y asesinada en los campos de concentración de Auchwitz.
La vida de Edith, mi hermana Edith, como la llamo en la oración, tiene aspectos sorprendentes.... ... (sigue)
Filósofa hasta la última fibra de su existencia, quedó impresionada por una conferencia de Max Scheler sobre “la esencia de lo santo”. Aunque no creyente, su espíritu pudo captar “la esencia de lo santo”, porque, como filósofa y discípula de Husserl, estaba acostumbrada a reflexionar sobre las esencias de las cosas. Ello quedó allí hasta que la santidad adquirió vida, cuerpo y existencia en Santa Teresa, y la santidad lleva necesariamente a la Gracia de Dios, ésta a la Fe y a la Iglesia. Su conversión fue la expresión viviente de esta armonía entre razón y fe que tanto necesitamos en estos tiempos.
Su conmovedor “ser para la muerte”, desde la vida.
Cuando en 1938 se le ofrece ir a Holanda (huir a Holanda), Edith dice que va a ir con su hermana Rosa, convertida también y que vivía en el convento. Desde Holanda, las hermanas, muy poco conscientes de lo que sucedía, le dicen que hay “sólo una cama”. Edith se niega a ir sin su hermana. Finalmente va con su hermana. Ya en 1942, un 2 de Agosto, Domingo, Edith estaba escribiendo su último gran libro, “Ciencia de la cruz”. A las 5 de la tarde los SS vienen a buscarla. Ella prepara un pequeño atadito de cosas, toma la mano de su hermana, y le dice “vamos a morir por nuestro pueblo”. Y así fue. Se conjetura que ambas murieron en las cámaras de gas el 8 de Agosto. “…Por nuestro pueblo”. Pueblo judío del cual ella se sentía miembro de sangre y, por ello, más unida a Cristo, judío también. Con esa claridad que siempre la caracterizó, poco antes de su muerte le dijo a un sacerdote: “No puede usted imaginarse lo que para mí significa ser hija del pueblo escogido, pertenecer a Cristo no sólo espiritualmente, sino también según la sangre”. Destaquemos: “….No puede usted imaginarse….”. Y: “….ser hija del pueblo escogido, pertenecer a Cristo….”. O sea: ¡ser hija del pueblo elegido ES pertenecer a Cristo! Y por ello, su canonización implica el debate: ¿por qué murió? ¿Por cristiana o por judía? “Vamos a morir por nuestro pueblo”, dijo a su hermana Rosa. ¿Por qué pueblo? Por el judío, claro. Y fue canonizada por martirio cristiano. ¡Bendito sea el debate! Los santos abren caminos………
Edith Stein se adelantó a nuestra época. Totalmente. Después de su muerte, todo quedó en silencio, todos sus escritos archivados y en silencio….Pero el Espíritu Santo no lo quiso así. Lentamente, la penetrante luz de su vida y el misterio de su muerte fueron rompiendo los muros, y Juan Pablo II, por la Gracia de su estado, pudo ver su santidad con la misma luminosidad que Edith la de Santa Teresa. Edith, santa, filósofa, judía, profesora, carmelita. Que a nosotros los laicos nos llene su ejemplo, para entregar nuestra vida a Cristo, con la misma determinación y firmeza, en el mundo familiar y cultural que nos toca vivir. “Edith, tú que sabes lo que es un corazón en búsqueda, intercede por nosotros”. Amen.
Bibliografía:
- Theresia a Matre Dei: Edith Stein, en busca de Dios, Ed. Verbo Divino, 1994.
- Feldmann, C.: Edith Stein, judía, filósofa y Carmelita, Herder, 1987.
- Ferreria Sobral, R.: Edith Stein, una vida sin fronteras, Ciudad Nueva, 1993.
- Stein, E.: Los caminos del silencio interior, Editorial Espiritualidad, Madrid, 1998.
- Stein, E.: La pasión por la verdad, Bonum, Buenos Aires, 1994.

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